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ARTÍCULOS

27.03.2021 literatura

por Sergio Blázquez

El pasado miércoles nos trasladamos a las instalaciones del Aula de Cultura de Fundación Mediterráneo para conocer una nueva novela con buen futuro: "Historia de un Psiquiatra", escrita por José María Sánchez Pagán.

José María es maestro de Educación Especial, funcionario de carrera desde 2009. Ha demostrado que se puede vivir con plenitud aunque se padezca una enfermedad mental grave. A sus 35 años, padre y esposo, sigue luchando con lo que él denomina "el monstruo que habita en su cerebro".

La presentación del libro en el Aula de Cultura ha sido un acto animado, muy acogedor y familiar, que comenzaba su hermana María José con la lectura de varios poemas y escritos.

José María durante toda la velada nos acompañaba con Silvia García, psiquiatra profesional que el propio José María indicaba que "ha pisado varios psicologos y ninguno le ha servido, pero Silvia ha sido capaz de hacerlo", y Juan Antonio, director en un colegio en el que José María trabajaba, y nos contaba la historia de cuando llegó José María al nuevo puesto de trabajo

Con esta experiencia, Juan Antonio habla de cómo se enteró del trastorno bipolar del autor, y algunas experiencias sacadas del dato, como aquel trastorno de ira que pensaba que provenía de un problema familiar triste y estaba desestabilizado. "Chema da alegría, hasta que un acto puntual hace que caiga, haciéndolo frío e inusual, se regula a las semanas y vuelve a ser el mismo. Esto, no es un problema, y teníamos la misma opinión de él sin contar los pequeños toques de ira que le saca", alegaba Juan Antonio

Durante la presentación se vieron más intervenciones, que daban al acto más dinamismo. Algunos ejemplos son Luis Martínez Arasa, madrileño, exjugador del Real Madrid y Real Murcia, exconcejal de Caravaca de la Cruz y actor de vocación.  Luis transmitía una lectura animada del libro presentado, dando fe de sus dones como actor, acompañados del bajo con las manos del sobrino del autor, Felipe Meseguer, también presente en Acho Media.

Otra intervención que llegó a los presentes en el acto fue la dada por María José Meseguer, también sobrina del autor, que recitaba dos poemas propio que merecían la pasión y felicidad mostrada después por el público.

José María escribe esta novela con dos intenciones principales: dar visibilidad y tratabilidad de las enfermedades mentales, y recordar que la mente humana tiene su complejidad. "El humano ha de ser fijado en tratamiento por personas y no por métodos", recordaba José María.

Bipolar tipo 1, sin miedo al rechazo declaraba José María. "A un cojo se ve su cojera, la aceptamos y no influye en la forma de ver a una persona, pero, en cambio, con un enfermo mental sigue el rechazo vigente"

Historia de un psiquiatra pone como protagonista a Gonzalo, o Sr. Ballester, un médico psiquiatra (no es dificil de adivinar), pero la novela comenta y cuenta experiencias basadas en las del propio José Maria. José Maria trata el libro como si fueran dos puntos de vista principales suyos: uno más idealista y otro más realista y reflexivo.

La novela está ya disponible en tu librería más cercana, más que recomendable no cabe decir. Además, José María nos recordaba que el 10% de la recaudación de la novela va a ir directa a "El Ascensor" la Asociación Murciana de Trastorno Bipolar.


25.03.2021

Por José Ismael Martínez

Algo está ocurriendo en España. Incluso los seguidores menos activos de la política se han percatado de ello. Se habla de mociones de censura, de políticos que cambian sus puestos para presentarse a las elecciones, de buenas y malas estrategias… En definitiva, un caos. Todo un rompecabezas en el que a cualquiera que no esté minuciosamente informado, le resultará fácil perderse (o aburrirse, por desgracia). Pero no seré yo el que les aburra hoy con la actualidad política, no es mi intención en este momento, quizá mañana. De lo que quería hablarles es de la permanente disputa del poder entre los progresistas y los conservadores. Moderados y radicales. Ese impulso colectivo que estamos hartos de ver en el telediario, y que mueve a miles de personas a defender unos ideales mediante la manifestación y la exigencia de cambio. No me meto en cuál de los dos sectores tiene razón (si es que alguien la tiene), pues ese no es el motivo por el que les escribo, sino para mostrarles que esas ideologías tan poderosas que llegan a alcanzar el fanatismo en algunas personas no tienen nada de nuevo. Está todo inventado.

Para ser exactos, debemos remontarnos poco más de doscientos años, al 1812. Época de cambios en España. La guerra de independencia contra Francia, de la que para bien o para mal, salieron vencedoras las tropas “patriotas”, había supuesto un vacío de gobierno que la Constitución de 1812 (que cumplió el pasado San José 209 años) pretendía solucionar. La Carta Magna, en la que para su elaboración se habían puesto de acuerdo tanto progresistas como conservadores, era una de las más modernas del mundo, implementando grandes avances como la separación de poderes (limitando los del rey) y el sufragio universal masculino. Toda una serie de reformas que prometían sacar a nuestro país del atraso en que se hallaba estancado, pero que se esfumaron rápidamente, con la llegada del rey Fernando VII. Durante su reinado, España se vería sumida en una de las mayores crisis de su historia, con la implantación de la monarquía absoluta, la pérdida de gran parte de los territorios coloniales y la continua pelea por lograr la implantación del liberalismo, que acabó la mayoría de las veces, con mucha sangre derramada.

Fue ya bajo el reinado de su hija, Isabel II, cuando tuvimos la primera experiencia de liberalismo político en nuestro país. Aunque, por desgracia, no se consiguió llegar a un acuerdo entre toda la población, que seguía dividida entre los defensores del liberalismo y los que exigían la vuelta al absolutismo y al Antiguo Régimen. Y en esta tesitura, mientras aparecían los primeros partidos políticos, se sucedían continuamente las constituciones, los pronunciamientos y las guerras carlistas, fueron pasando los años y los gobiernos, que uno tras otro, con diferentes estrategias e ideas, no consiguieron establecer el orden. Ni la reina Isabel II, ni el gobierno autoritario de Serrano, ni los cuatro presidentes de la breve Primera República, ni un nuevo rey con ansias de cambio y unificación (Amadeo de Saboya, que se vio obligado a dimitir), hicieron que los españoles se pusieran de acuerdo.

Sé que es un crimen resumir un siglo de historia de nuestro país en tan solo dos párrafos. Pero como digo, tan solo pretendo centrarme en mostrarles cómo nació esa tan (aparentemente) moderna división de la sociedad entre progresistas y conservadores. Lo que hoy conocemos como “los del PP y los del PSOE”, o cada vez más, “los de Podemos y los de Vox”.

Así, llegamos a la reinstauración borbónica, orquestada por Cánovas del Castillo, que devolvió la corona a la figura de Alfonso XII (de la casa de Borbón) en 1874. Comenzaba en nuestro país una nueva oportunidad, que venía de la mano (como no podía ser de otra manera) de una nueva Constitución, la de 1876. De esta etapa, lo más importante fue, sin lugar a dudas, el establecimiento del turno pacífico de partidos, que consistía en que las dos grandes fuerzas políticas, el Partido Conservador de Cánovas, y el Partido Liberal de Sagasta, se pondrían de acuerdo para decidir el resultado de las elecciones. Un sistema que, si bien era antidemocrático, consiguió traerle a España la estabilidad que necesitaba. Al menos durante unos años.

Porque el siglo XIX no se cerró de forma pacífica. El desastre del 98, con la pérdida de las últimas colonias de ultramar, supuso un palo a la moral de la sociedad española. El fin del imperio colonial. Y el inicio de un nuevo período de tiempo en el que la inestabilidad renació, con eventos como la Semana Trágica, el asesinato de numerosos políticos, y la crisis de 1917, que fue militar y política, y que llevó a la Huelga General de ese mismo año, que se saldó con unos 80 muertos. El desastre de Annual en 1921, daría la puntilla final al caos.

En 1923, el general Miguel Primo de Rivera se hizo con el poder tras un pronunciamiento y la posterior suspensión de la Constitución, con la autorización del entonces monarca, Alfonso XIII. El nuevo dictador se comprometió a devolver el país a la normalidad tras restablecer el orden social y solucionar el problema de Marruecos. No obstante, y a pesar de cumplir con sus dos grandes objetivos, no se retiró. Habría que esperar hasta que el crack del 29 hiciera estragos en la economía. Primo de Rivera, aquejado de una grave enfermedad, ya no estaba en condiciones de enfrentarse a los nuevos desórdenes, y dimitió en 1930.

Paralelamente a la dictadura, se había desarrollado el nacionalismo catalán, mientras que la izquierda obrera permaneció beligerante contra el régimen, el movimiento republicano unió a 100.000 afiliados en la Alianza Republicana, y los intelectuales acabaron mostrando su rechazo a la dictadura. En resumen, un amplio sector de la sociedad ya se oponía al Régimen en sus últimos años. Rechazo que se volvería contra Alfonso XIII tras la dimisión del dictador, y que se manifestaría en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Dos días más tarde, se proclamaría la Segunda República.

Con un nuevo sistema de gobierno, el rey exiliado y un país en el que había mucho trabajo que hacer, la Segunda República inició su breve pero ajetreada historia con el llamado Bienio Reformista. Se aprobó la Constitución de 1931, que tampoco logró poner de acuerdo a los españoles. El nuevo gobierno tampoco lo consiguió, ni en lo religioso, ni en lo militar, ni en lo agrario, ni en lo autonómico. Los conflictos sociales llevaron al país a unas nuevas elecciones, que iniciaron el período conocido como Bienio Derechista, que tuvo que enfrentarse a la proclamación del Estado Catalán, la Revolución de Octubre de 1934 y la creciente violencia en las calles. En 1936, los españoles volvieron a las urnas para asistir a las últimas elecciones hasta dentro de 41 años. Al nuevo gobierno (encabezado por la coalición de izquierdas “Frente Popular”) apenas le dio tiempo a emprender reformas.

Con ello, llegamos al estallido de la Guerra Civil Española, llamada también por ciertos escritores “Cuarta Guerra Carlista”, que terminó de hundir a España en la más absoluta miseria. Como es por todos bien sabido, las tropas sublevadas salieron vencedoras, y se inició una dictadura que abolió la mayor parte de las libertades, y que duró hasta el año 1975, con la muerte del general Francisco Franco, el nuevo jefe de Estado.

El conflicto fue fruto de los odios que se habían estado sembrando desde los primeros acontecimientos de los que les he hablado en este artículo. Si bien las ideas podían cambiar, la esencia era la misma. Unos y otros. Esa división que asciende lenta y sigilosamente en nuestra sociedad actual, en tiempos de democracia. Ese fanatismo a veces desmedido, que hemos estado viendo los últimos meses en las protestas a pie de calle, cada vez menos pacíficas. La polarización es lo peor que le puede ocurrir a la sociedad en un período de crisis tan importante como el que estamos viviendo. Con independencia de nuestra ideología, y ya sin mirar si somos más o menos activos en las denuncias sociales como el feminismo, la lucha LGTB o contra la okupación (entre tantas otras), es fundamental mirar al pasado y recordar qué es lo que nos ha llevado a las peores crisis de nuestra historia: El fanatismo desmedido.


12.03.2021

por Sergio Blázquez

3897 días. Esos son los días que separan el 11 de julio de 2010 con el 12 de marzo de 2021, cuando Iker Casillas anunciaba oficialmente la separación con Sara Carbonero.

Ese 11 de julio de 2010 no olvidaremos cuando España gana el Mundial de Futbol de Sudáfrica y, en directo, el gran Iker Casillas, capitán y guardameta de la selección, decide con Sara Carbonero, una de las mejores periodistas deportivas del momento y trasmitiendo las sensaciones del mundial, lanzarse a un beso que conmovería a una España más unida que nunca.

Esta misma noche, Iker Casillas publicaba en su cuenta de Instagram una foto con Sara Carbonero, en la que anunciaba la separación de la pareja:

 
 
 
 
 
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"El respeto, el afecto y la amistad permanecerán siempre. Nuestra prioridad es desde el cariño y el compromiso, compartir el bienestar y la educación de nuestros hijos y protegerlos para que crezcan en un entorno estable y saludable". Este párrafo, no se a vosotros, pero a mi me ha llenado mucho y me cabe destacarlo.

Ambos formaban lo que muchos españoles definían como "la pareja perfecta", si esta no duraba, ¿cuál va a durar?, definen muchos españoles, ahora impactados por esta noticia que los medios ya anunciaban desde hace tiempo y se sospechaba en nuestros hogares.

"Es una decisión muy meditada y que tomamos de mutuo acuerdo." Iker se pone reconfortante, indicando que el mundo no acaba, y que, además se puede estar cómodos aunque una relación amorosa acabe.

Esta noticia es triste, pero si una pareja ya no está en sus "resplandeceres", toca finalizarla, pero el mundo sigue girando. Deseamos lo mejor para Iker Casillas y Sara Carbonero, sea en conjunto o separados.