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Cuando la F1 se convirtió en un verdadero circo

03.09.2021 Formula 1 Deportes

Por Ponti Ros

El siguiente artículo estaba ideado para ser una crónica de una siempre apasionante carrera en el precioso circuito de Spa-Francorchamps, pero tras lo acontecido el pasado domingo en el bosque de las Ardenas únicamente se debe lanzar una crítica hacia la terrible actuación de la comisión reguladora de la competición automovilística, la FIA.

La tarde de domingo se presentaba apasionante cuanto menos para un aficionado del automovilismo, después de una no poco interesante carrera de Moto GP en Silverstone, llegaba el plato fuerte del fin de semana, el Gran Premio de Bélgica de Formula 1 en unas condiciones de pista mojada, las cuales los espectadores siempre desean debido a la gran incertidumbre que estas suelen generar, y en las que siempre salen a relucir los grandes nombres de este deporte. Sin ir más lejos, la sesión clasificatoria del sábado ya nos dejó la actuación memorable de la joya de la cantera del equipo Mercedes, George Russell, situando su Williams (noveno coche de la parrilla en condiciones normales) ni más ni menos que en la segunda posición de parrilla, rozando una impensable Pole Position que se llevó Max Verstappen, un más que reconocido experto en estas difíciles condiciones.

Con este panorama llegaban las 15:00 horas en el circuito, hora a la que estaba prevista la salida del Gran Premio, cuando en una decisión de último momento Michael Masi, jefe de la FIA, decidía posponer la salida debido a la numerosa cantidad de agua que había quedado depositada en el asfalto, y es que, aunque no muy fuerte, la lluvia no había dejado de caer en Spa durante toda la jornada de domingo, lo que creó numerosos charcos y acumulaciones de agua peligrosas para la seguridad de los pilotos. Este primer retraso duró hasta las 15:25, hora a la que el organismo regulador decidió dar salida a los coches detrás del coche de seguridad, decisión dada demasiado tarde, ya que en el momento que se dio la salida la acumulación de agua era incluso mayor que a la hora original de comienzo de carrera, dándose unas condiciones de visibilidad pésimas para los pilotos debido al aparatoso spray soltado por los coches debido a la gran anchura y capacidad de absorción de los neumáticos de lluvia de estos, por lo que tras dos vueltas de formación y numerosas quejas de los pilotos, se dio bandera roja a la prueba, volviendo todos los coches al pit-lane hasta nuevo aviso, además de que el reloj que limita el tiempo de carrera, comenzaría a correr a partir de las 16:00 horas, por lo que la carrera debía ser completada antes de las 18:00.

La espera a nuevas noticias se nos hizo larga a todos, tanto a los espectadores, como a los ingenieros, como a los propios pilotos y comisarios, dejándonos el parón varias imágenes curiosas como aficionados y mecánicos bailando a ritmo de “La Macarena”, pilotos e ingenieros jugando un partidillo de fútbol dentro de los garajes o comisarios de pista jugando a la petanca bajo el diluvio. Pero además de estas curiosas imágenes, a las 17:00 horas el reloj de carrera fue detenido, con presuntamente la intención de celebrar una hora de competición cuando las condiciones lo permitieran, aunque la lluvia continuaba sin cesar y la previsión no instaba al optimismo.

Pero a pesar de todas las previsiones, a las 18:00 de la tarde la FIA daba el aviso de la reanudación de la carrera tras el coche de seguridad a las 18:17, dando un rayo de esperanza a los aficionados de que se presenciaría una carrera bajo la lluvia de Spa, hecho que no se daba desde el año 2010 en el histórico trazado belga. Los coches salieron de boxes a la hora acordada detrás del coche de seguridad, pero la muy baja visibilidad seguía siendo un problema recurrente, por lo que la FIA, en el mayor acto de mala fe dado por la institución en toda su historia, decidió que los pilotos dieran dos vueltas más tras el coche de seguridad y contar estas como vueltas de carrera, pudiendo de esta manera dar una clasificación y cubrirse las espaldas en caso de suspensión definitiva de la prueba. Tras estas dos vueltas se dio de nuevo bandera roja, y tras diez minutos el organismo regulador decidió dar por terminada la carrera, repartiendo la mitad de los puntos otorgados normalmente a cada piloto dando como válido el orden de los coches en parrilla para la repartición de estos.

 

Este acto de la FIA es considerado deleznable por dos simples motivos, el primero carga contra el espíritu de la competición, y es que la dirección de carrera otorgó puntos por un Gran Premio en el cual no hubo acción en pista, simplemente cuatro vueltas de formación inacabadas, lo cual yo considero que es una clara adulteración del campeonato del mundo, ya que los puntos otorgados a los 10 pilotos situados en el Top 10 han sido otorgados sin haber competido, algo completamente impensable para cualquier ser humano con algo de sentido común, cosa que no demostró Michael Masi, gran señalado de este escándalo. Por otra parte, este espectáculo deplorable se dio para evitar la devolución del dinero de las entradas pagadas por miles de personas que soportaron la fuerte lluvia solo para poder ver a sus ídolos en el circuito, y que solamente vieron como la FIA jugaba con su ilusión y la de millones de aficionados en todo el mundo para poder contentar a los patrocinadores y a los equipos.

En conclusión, con lo sucedido ayer la Formula 1 ya ha quedado completamente señalada como lo que es, un negocio al cual cada vez le importan menos sus aficionados y que lo único que busca es encontrar batallas absurdas para ser noticia en los medios, ya que con lo de ayer Verstappen recorta 5 puntos a Lewis Hamilton sin haber llegado a competir ni una sola vuelta, apretando el campeonato, y el joven George Russell se lleva un podio con un Williams, algo totalmente impensable si el Gran Premio se hubiese disputado, pero sin duda alguna lo sucedido ayer en Spa-Francorchamps pasará a la historia como una de las mayores vergüenzas dadas en la historia del deporte rey del automovilismo.

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