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ARTÍCULOS

¿Lenguaje inclusive?

14.11.2021

Por Elena Martínez

“No soy tu compañera, soy tu compañere”. Estas fueron las palabras de contestación de una (o une) estudiante a un compañero en medio de una clase, vía Zoom, en México, tras dirigirse a ella (o a elle), como parece ser, con el término “compañera”.

Si rebuscamos un poco, esta polémica se daba ya en 2018, cuando se quiso hacer una reforma para hacer más inclusivo el lenguaje utilizado en la Constitución. Una propuesta que la Real Academia Española dejó congelada y que el Gobierno de entonces, pese a la insistencia del cambio con o sin el apoyo de la RAE, no inició. Aunque no se queda ahí. Tras este debate, se puso otro sobre la mesa cuando apareció el morfema -e (ell-e, tod-es), para referirse a aquellas personas de género no binario. Un tema controvertido que pretende transformar un español asentado, con prisa y sin pausa.

Esta polémica sigue en la actualidad, sin ir más lejos, en la Región de Murcia tras una moción presentada por tres diputados de VOX, donde se recogen “medidas sancionadoras/ reglamentarias” para “garantizar el conocimiento y correcto uso conforme a la norma gramatical vigente de la lengua española”. Si bien es cierto que la propuesta es un pretexto que, aunque no se exprese de forma literal, es un dardo envenenado contra el lenguaje inclusivo (al menos por parte del partido verde), también lo es que la manera en la que se ha intentado introducir este tipo de lenguaje, no ha sido ni la más acertada, ni la más adecuada por dos motivos: el primero, porque la lengua la construimos los hablantes del idioma el cual, por supuesto, se va adaptando a los nuevos tiempos; el segundo, porque se ha usado políticamente para crear una nueva división social y no para lo que se suponía que era el propio fin: adaptar un habla en el que se tenga en cuenta a todo tipo de personas y colectivos con independencia de, en este caso, su género. Ante dicha moción, comenzó una discusión en la Asamblea Regional entre Juan José Liarte, cabeza pensante de esta disputa, que calificaba al lenguaje de “manipulador y revolucionario”; y María Marín, de Unidas Podemos, que, por sorpresa -al menos para mí, ya que estos raramente recurren a la vergonzosa Historia de España-, decidió hacer memoria de nuestra historia, de forma interesada, a través del Cid o de los Reyes Católicos, para demostrar que ya en esos tiempos se usaba ese tipo de lenguaje.

Quien se postule en la moderación y no en la radicalidad de VOX, por un lado, y de Unidas Podemos, por otro, sabrá ver -y entender, sobre todo- la procedencia de ese masculino sexista que tenemos y usamos: las formas neutras del latín (-um, -us), que derivan fonéticamente en -o. Esto mostraría que el origen del masculino genérico no tiene que ver con ninguna superioridad del hombre ante la mujer ni otros fines machistas que nos quieran hacer ver desde el Congreso, o ya no solo los políticos, sino cualquier persona que se deje llevar por argumentos no contrastados o manipulados previamente. 

No voy contra el lenguaje inclusivo, ni mucho menos, sino contra su imposición con fines políticos sin pensar en las consecuencias que tienen ese tipo de decisiones, casi unilaterales, que afectan a toda una sociedad. Quizá la cuestión está en que no nos hemos parado a pensar en el porqué de ciertos fracasos históricos: la impaciencia, querer transformar de forma directa y no paulatina -o destruir, directamente-, instituciones o modelos sólidos y arraigados que a las únicas situaciones a las que nos han llevado no han sido otras que a guerras y enfrentamientos que pagaron, sobre todo, los de abajo.

Habrá gente que aproveche esta lectura para colocarme, con un poco de maldad, ciertos calificativos que me sitúen en determinados movimientos políticos, pero, por increíble que parezca, aún hay personas que pretenden hablar desde la razón, y no la locura, para un pueblo que, de nuevo, está abriendo sus heridas. 

Isa
wrote
14.11.2021, 22:08
que orgullosa estoy de ti